Escrita en tres actos y totalmente en verso, responde a una faceta inédita hasta entonces en el teatro machadiano: la comedia de intención política: comedia que personifica la vacuidad absoluta de ese mundo político-financiero-social en que “pasa todo”, hasta lo más monstruoso, y “no pasa nada” jamás. La duquesa de Benamejí, tragedia en tres actos, en verso y prosa, puede considerarse como un drama totalmente romántico. Así reza en algunos sectores de la crítica la obra de la que disfruté junto a mis amigos en la Plaza de Toros de Benamejí.
El ayuntamiento de Benamejí, realizando un esfuerzo encomiable, estrenó en la noche del 8 del agosto el espectáculo adaptado y dirigido por Julio Flores. La plaza de toros presentaba un lleno absoluto y tuve la suerte, gracias a la invitación cursada, de verla con mis amigos en primera fila. Días antes había realizado las gestiones oportunas para poder contar también con la presencia de mis amigos.
El espectáculo significó una oferta cultural andaluza de primer nivel donde el pueblo de Benamejí, sus ciudadanos, eran el auténtico protagonista y motor. Era la unión de prácticamente todas las fuerzas vivas culturales del municipio para ofrecer un espectáculo estético, visual y plástico. Fue un auténtico regalo para los sentidos: tres escenarios, más de cien actores, bailes, cantes, caballos, carruajes…
Desde las 10′30 de la noche hasta las 2′00 de la madrugada se nos hizo vibrar. ¡¡Enhorabuena, Benamejí!!
Y con el regusto de lo vivido compartimos amistad hasta casi el amanecer.