(Adaptación de textos de investigación y del libro que estoy escribiendo para el décimo aniversario de las TIC en Andalucía)
Hace días un compañero docente me criticaba a un padre de alumnos de mi colegio, docente también, por haber escrito en un foro muy popular de mi ciudad lo siguiente: “También va a cortar en gastos de ordenadores para el alumnado, y qué quieren que diga, me parece muy bien. Los que tenemos hijos que recibieron ese ordenador sabemos el uso que les dan.” El texto está encuadrado en un corto artículo sobre “Los recortes de Rajoy” y, cómo es lógico, rubricado con nombre y apellidos. La sorpresa de mi compañero docente fue mayúscula al opinar que yo respetaba, e incluso apoyaba, la opinión de dicho padre_docente.
Soy Coordinador TIC andaluz desde el año 2003, coordinador de primera generación, y Coordinador Escuela 2.0 desde el año 2009, por lo que me siento con la autoridad moral para manifestarme en este aspecto. Podría aportar más datos, pero creo que no son necesarios. No soy yo el protagonista, es la Escuela 2.0 tan publicitada.
Las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) entraron en nuestras aulas y comenzó el debate. Debate entre tecnófilos y tecnófobos, que algunos docentes mantienen abierto. Discutir sobre ello es una trampa intencionada que sirve de excusa a quienes, cuando soplan tiempos de cambio, construyen refugios y trincheras para impedir que los demás construyamos molinos.
Las competencias básicas marcan una línea ineludible para la integración de las TIC en las aulas; las competencias digitales son tan necesarias (para unos) o irremediables (para otros) como cualquiera de las capacidades más tradicionales. No obstante, estas competencias dejan en fuera de juego (y encima protestando al juez de línea) a un número indeterminado de docentes que no están preparados para incorporar a la escuela el tratamiento de la información y la competencia digital. En otro momento dedicaré otro artículo a este aspecto, a la formación del profesorado.
Tenemos internet, pizarras digitales, videoproyectores, ordenadores… pero el cambio no está en los medios. Ese es el error de la administración, en todos sus ámbitos. Somos nosotros los que hacemos que la escuela cambie. No podemos hacer Escuela 2.0 sin Docentes 2.0 implicados directamente en la tarea.
La Escuela 2.0 está destapando también el fracaso que puede ocasionar la falta de motivación de los profesores. “Existe el miedo a perder la autoridad porque el alumno plantee asuntos que el docente no sabe“. El acceso del alumnado a la moderna Biblioteca de Alejandría provoca la pérdida de importancia del docente y del libro de texto en favor de la participación del alumnado. Los complejos del profesorado en una materia en la que los chavales van más avanzados que nosotros ha sido otro obstáculo. Es una de las resistencias ocultas que también existen. El libro de texto limita la imaginación del profesor. Te lo da todo hecho, no hace falta ni preparar la clase. Las TIC obligan al profesor a ponerse al día, a investigar, a navegar en busca de páginas donde encontrar las grandes posibilidades y recursos que aporta la Red a la enseñanza.
Ser un Docente 2.0 no es solo utilizar tecnología en el aula. El cambio no debe consistir únicamente en cambiar el papel y el lápiz por el ordenador y la PDI, sino en la forma en la que se utilizan las nuevas herramientas. El desfase entre la capacitación de los docentes y las herramientas disponibles ha desembocado en una intrusión y no en una inclusión de la tecnología en el aula.
Pero no quisiera terminar sin un poco de empatía y de humor. Creo que existen otros muchos temores que deben ser tenidos en cuenta. Muchas veces caemos en el error de señalar las carencias de los docentes sin comprender las dificultades que implica la incorporación de las TIC en la educación. Otro importante tema a tratar.
Continuará…






