
Después de mi periplo educativo de casi dos semanas por Kassel (Alemania) y Mohernando (Guadalajara) llego a mi pueblo, Cabra (Córdoba), y me encuentro por todos los lugares de reunión con un tema estrella: LOS BAUTIZOS LAICOS, CIVILES, EN CABRA. Parece ser que el Ayuntamiento de mi ciudad, por medio del PSOE-IUCA, propone, en el protocolo que dicen que está elaborando, una especie de “bautizo laico” o “bautizo ciudadano”, regulándose en el articulado como “Bienvenida Ciudadana”. Me han hecho llegar dicho articulado, ya que por medio de Internet se está distribuyendo, se está haciendo llegar a diversos estamentos y a determinadas personas. Lo que observo, a primera vista, es que para nada se expresa el vocablo “bautizo” utilizado erróneamente por la estrategia que se está montando en contra.
Las reacciones parecen ser de los más variopintas, llegándose en algunos casos al radicalismo. Se les dice de todo a los “ideólogos”, se ofrecen muestras de apoyo curiosas, se están elaborando distintas estrategias en los dos sentidos …etc, etc.
No entro ni salgo. Sólo quiero ofrecer algo más de información a un tema que no tiene nada de original. No se vayan a pensar, detractores y favorables, que esto es algo nuevo, algo de cara a la galería para salir en la prensa y demás. No somos nada originales. Desde hace años se están llevando a cabo en muchos lugares de España. No entro ni salgo en si es una tontería, una horterada o no. Ya se propuso desde el año 2004 en Igualada, en el municipio malagueño de El Borge dicen, otro error importante (ya que no tiene nada que ver en absoluto), haber cambiado la pila bautismal y el agua bendita por la Carta Europea de los Derechos del Niño, La Asociación Catalana de Municipios y Comarcas, con la colaboración de la Generalitat, publicó hace años un libro titulado «Manual de Ceremonial Civil. Los días más grandes» como una herramienta para aquellos y aquellas que quieran, bajo unos parámetros exclusivamente laicos, encontrar fórmulas para vivir con plenitud, solemnidad y espiritualidad lo que conocemos como ritos de paso.
Ya se escribió en marzo de 2007: Vivimos en la «sociedad del espectáculo» -que diría Guy Debord- y no basta con que los políticos inauguren colegios, autopistas y hospitales. Si la eutanasia es una conquista social y sólo hay que apretar un botón, los políticos deberían retratarse desconectando, igual que cuando dan el chupinazo en San Fermín, encienden el alumbrado de la Feria de Sevilla o acompañan a las procesiones en Semana Santa… Además, ahora que tantos alcaldes se han apuntado a estas modas, la eutanasia podría ser el comienzo de los santos óleos laicos… ¡Con perdón!
Sugiero que leamos con detenimiento estas palabras de Miguel Fernández Sañudo, miembro de la Asociación “Europa Laica”:
Es, ciertamente, una estupidez la estrategia de utilizar el concepto de “bautizos civiles”; porque bautizo es un término propio de dicho sacramento en la Iglesia Católica. No la han cometido los ediles que han iniciado las ceremonias de entrada en la Comunidad Cívica; sino los medios de comunicación, buscando titulares de impacto, y otros declarantes clericales interesados, sin haber leído las especificaciones bajo las que se realizan. Nada tienen que ver las ceremonias cívicas de ritos de paso (hoy, sólo, matrimonio y nacimiento; las ceremonias de difuntos pasan por la Iglesia, en un porcentaje sospechosamente mucho mayor que el de la practica religiosa, o… por el campo, ya que no hay locales de Servicios Públicos) con una copia de los sacramentos de la Iglesia. Ahora bien, ambos tipos de celebraciones corresponden a la misma necesidad comunitaria de reconocer y celebrar acontecimientos que ocurren a sus individuos. Con la diferencia de que las ceremonias de la Iglesia sólo acogen a sus socios creyentes y las civiles representan a todos los ciudadanos, incluidos los de todas las religiones. En todos las comunidades humanas, los acontecimientos importantes que les ocurren a sus miembros, son sentidos como colectivos. Todas han tenido y tienen, referente al tema que tratamos, ritos de paso significativos de un cambio de posición social de sus miembros en su condición respecto al grupo. La Iglesia Católica no los inventó. Cuando apareció, una más entre las miles de creencias, los asumió del acerbo común -no pudo no hacerlo- y los implementó con sus significados y palabras particulares. La absorción del liderazgo moral de la vida social que ha ejercido en España, durante siglos de absolutismo y los años del nacional-catolicismo franquista, no permitían ver esta necesidad, no ya sólo de los “desterrados de sus conciencias”, sino de la afirmación de la propia comunidad de ciudadanos. Es cierto que esta necesidad y su reflexión, parten de aquellos ciudadanos que no están “inscritos” en ninguna confesión particular; pero eso no quiere decir que los ayuntamientos deban sustituir o completar una especie de grupo de una “iglesia laica” aparte. Bienvenidos sean actos Públicos colectivos que congreguen y signifiquen la unidad en ciudadanía en una sociedad crecientemente multicultural. Nada dificulta que, cada grupo particular tenga, además, sus ceremonias particulares.




